Conocer la verdad del IESS

La seguridad social es un concepto que difícilmente puede ser cuestionado. El tener una política de Estado que cubra a los ciudadanos por problemas de salud, que ofrezca un seguro de cesantía, un sistema de pensiones de jubilación, y todas las demás prestaciones que las seguridades sociales prestan alrededor del mundo es parte del ADN de la humanidad de hoy.

No podemos concebir una sociedad moderna en la cual se diga “que cada uno resuelva sus problemas” sin que exista el concepto de solidaridad, y la búsqueda de equidad.

Fundadas como fueron las seguridades sociales del planeta, con realidades demográficas en las cuáles se presumía una siempre creciente cantidad de masa laboral que se incorporaba año tras año en números mayores que el anterior, y hechas como fueron los programas de jubilación en base a ciertos supuestos actuariales sobre esperanza de vida que hoy han sido pulverizados por una mucho mayor longevidad, todas esas seguridades sociales enfrentan retos descomunales, pues actuarialmente sus proyecciones son muy delicadas.

En muchos países, la seguridad social enfrenta otro reto: el apetito voraz del Estado.

Si bien es cierto que las seguridades sociales son un mecanismo poderoso de equidad, redistribución y justicia social, son también un mecanismo mediante el cual, aupado por un paraguas legal, y un maquillaje de legitimidad, los gobiernos pueden hacer que las generaciones presentes les roben a las futuras.

Con un excedente de caja producto de que el ahorro de pensiones y jubilaciones futuras se recoge hoy para pagarlo mañana, esa caja se vuelve el botín favorito de gobiernos derrochadores e irresponsables. Esto, no es patrimonio solo del Ecuador.

Un descalabro de la seguridad social no es un problema de poca monta. En el caso del Ecuador actual, existen evidencias de una fuerte crisis cuando se lo proyecta actuarialmente. Al hecho universal de que la población crece menos, a la realidad mundial de mayor longevidad, hechos que ponen de por sí una gran presión sobre las finanzas futuras del IESS, se suman varios otros elementos, de políticas deliberadas por parte del gobierno durante los últimos años:

  1. Se incrementó la cobertura a familiares de los afiliados. Nadie puede oponerse a una cosa como esta. Sin embargo, siempre hay que preguntar cuando se ofrece un servicio, cómo este se va a pagar. No hubo de parte del IESS un incremento de las aportaciones proporcional al aumento de las coberturas. El pronóstico es obvio: Esos aumentos han producido hoy, un agujero en las finanzas del Instituto.
  2. Se determinó que no se debía aportar más el 40% que el Estado aportaba para las jubilaciones por mandato de la ley. Se sustituyó esto por la promesa de que el Estado cubrirá los recursos si se necesitan. Esto, que es un monto gigantesco, produce igualmente una pérdida actuarial de enormes proporciones.
  3. Se eliminaron $2.800 millones de deuda que el Estado no quiere reconocer, y que la propia Contraloría indica que sí existen como deuda.
  4. Se ha tenido una política de expansión y de inversiones que no está avalada por una planificación financiera adecuada, sino que ha obedecido a una agenda política y no racional.

Con todos estos elementos, el Ecuador debe exigir que una comisión internacional técnica del más alto nivel, apoyada por las Naciones Unidas, o por el Banco Mundial, venga al país, ajena a todo interés o cálculo político, y muestre a los ecuatorianos la verdad sobre la situación del IESS.

De no tener esta verdad pronto, y de no buscarse remedios ya a la problemática de la seguridad social, lo único que estaremos haciendo es refrendar un hurto intergeneracional que hará que en muy pocos años se produzcan dramas humanos de incalculable dolor, cuando afiliados no puedan cobrar sus pensiones, cuando afiliados no puedan tener la calidad de servicios médicos que se necesitan, cuando en definitivas cuentas, haya una debacle de tan importante elemento de una sociedad moderna.

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