Un dato da cuenta de cómo la “guerra arancelaria” tiene aquí mucho que ver. Lo complicado no está en el fundamento del negocio, ya que los inventarios de cobre no han disminuido y –por lo mismo– no existen grandes movimientos en la oferta o en la demanda. El asunto está en que el dólar ha aumentado su valor. Y cuando eso ocurre, las materias primas que se comercializan bajo la divisa bajan sus precios.

Finalmente, Argentina ve las cosas complicadas en su propia realidad. De partida, sus números con las potencias no son buenos: tiene déficit comercial con ambas. Pero podría aspirar a negociar estratégicamente, “si no fuera por”, como cantaba Soda Stereo en los 80.

Una posibilidad cierta se encuentra, por ejemplo, en el desarrollo de productos con mayor valor. China ha sido reticente a la compra del aceite de soya porque prefiere hacer la molienda en su país. Pero si el país asiático ya no le va a comprar la materia prima a Estados Unidos, Argentina podría bregar con una buena negociación para ofrecer dicho aceite.

Sebastián Auguste anota que a Argentina le ha costado mucho la inserción internacional. “Su elevada volatilidad hace muy difícil ese camino, ya que se hace muy compleja cualquier planificación a largo plazo”, comenta. Y hoy, en medio de una elección presidencial intensa, las posibilidades se minimizan todavía más.

“Los gobiernos han estado mucho más atentos a las vicisitudes internas, a apagar incendios económicos, que a pensar en abrir mercados. Esta guerra comercial cae en un mal momento para el país”, enfatiza el académico.

Pero no es un mal momento para la estadounidense Costco, en medio de la crisis, quien dio el batatazo en Shanghái. “Las economías de ambos países están tan entrelazadas y la interdependencia de sus cadenas de valor está tan arraigada, que una ruptura estructural sería demasiado costosa”, advierte Manuel Muñiz.

Es lo que experimenta –sin, tal vez, pensarlo– el joven profesional chino Echo Zhou, quien debe esperar dos horas para entrar al Costco chino. Aunque la tensa espera es infructuosa, no puede comprar, porque las personas que ya atiborran el lugar se llevan casi todo. Claramente, la economía es más compleja de lo que parece.